Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere.
No tengo paciencia para el cinismo, la violencia, chanchullos y la mentira. Decidí no hablar mas a la pretensión, hipocresía y la sangre que ya no es mi sangre.
Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter altivo, rígido e inflexible. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia.