domingo, 1 de febrero de 2026

¡Por fin, Petra!


He estado en lugares que parecían irreales.

He visto auroras bailar sobre una carretera vacía en Islandia. He caminado entre pirámides bajo el sol inmóvil de Egipto. He buscado sentido en Japón, donde el silencio también enseña. He sentido la pequeñez humana frente a las montañas de Yosemite, en California. He escuchado el trueno de Niágara subir en Canadá 

Esos lugares, y muchísimos más, me han regalado una forma distinta de mirar el mundo.

Y sin embargo, hoy, en Petra, sentí algo diferente. Entré a las siete de la mañana, cuando el día aún no sabía quién era. El Siq me recibió como una garganta de piedra que se traga el ruido del mundo.

Y entonces apareció el Tesoro.

No como un edificio, sino como una emoción súbita, como una puerta abierta a otro tiempo. Después comenzó la subida: tumbas, teatro, columnas, roca viva que cambia de color con el sol.

Mientras avanzaba pensé en los caminos que me habían traído hasta aquí: Islandia y su luz que parecía venir del más allá, Egipto y su obsesión por la eternidad, Japón y ese sentido profundo donde el silencio también enseña, Yosemite y su tamaño de catedral natural.

Comprendí que todos esos lugares no eran destinos aislados, eran estaciones de un mismo viaje. Pensé en los nabateos, en su fe en el sol, en su respeto por la montaña, en su manera de dialogar con la piedra y con el agua. Pensé en cómo el ser humano, cuando escucha a la tierra, es capaz de crear belleza sin violencia.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

De San Francisco a Page y Julia Robert


Salí de San Francisco con el cuentakilómetros a cero y una idea clara: dejar que el viaje hiciera su trabajo. Tras Fresno, tomé la 58, una autopista recta y funcional, pensada para avanzar sin adornos. El Ford se enfrentaba a unos 1.200 kilómetros hasta Page, y lo sabía: se notaba en el ronroneo constante, en la disciplina del asfalto, en esa forma en que el motor acepta la distancia como un pacto. El desierto de Mojave apareció como una certeza: ancho, seco, definitivo.

Hinkley llegó pronto, justo después de que el paisaje se quedara sin concesiones. La parada fue breve, casi obligada. Bajé del coche y el silencio tenía peso. Pensé en Erin Brockovich, en la lucha contra lo invisible, en la dignidad de quienes no se rinden. Recordé a Julia Roberts poniendo rostro a una verdad incómoda, y entendí que hay lugares donde la memoria no es opcional. Arranqué de nuevo con respeto, como quien continúa tras inclinar la cabeza.

La noche me alcanzó en Las Vegas. Fea sin complejos, excesiva hasta el cansancio. Neones gastados, hoteles que prometen más de lo que pueden cumplir. Dormí poco. El Ford descansó lo justo. Al amanecer, salir fue un alivio: quedaban kilómetros, y eso era lo importante.

En Arizona dejé el coche y caminé un tramo del desierto. Pocos pasos, los suficientes para que el ruido se fuera. El suelo crujía, el sol mandaba y el tiempo dejó de empujar.

Llegué a Page con el marcador marcando lo que ya sabía el cuerpo: 1.200 kilómetros no son una cifra, son un proceso. La 58, Hinkley, la noche en Las Vegas y la caminata por Arizona hicieron su trabajo. El Ford cumplió. Yo también.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

600

 


sábado, 25 de octubre de 2025

Sobando


 

martes, 9 de septiembre de 2025

Grecia

 Montañas que se hunden en un mar azul lleno de islas, ruinas clásicas que aún marcan la memoria de Occidente, y pueblos blancos con buganvillas donde la vida se mueve entre café, sol y mitología.