domingo, 10 de octubre de 2021

La cueva del Matarife

Si la subida anterior fue dura, ésta supuso un reto no solo físico sino también mental. Se camina tras cruzar el Barranco hasta la primera pendiente, 45 grados, que se realiza entre tuneras, cañaverales, verodes y zarzas que atrapan el pantalón como manos. Las botas desaparecen en la tierra que se opone al avance, pero el palo es un aliado. Y se llega a la roca, escalones de dos metros con estrechos andenes que hay que empezar a subir sin vacilar. Subir y caminar hasta la última pared, de 6 metros, a la que hay que echarle el resto; y el resto es concentración, escuchar al compañero que te guía en los pasos seguros y, de repente, toparse de lleno con el pasado. 

Impresionante.