Sábado por la mañana y había que comprar. No era una compra para el mes; es más, creo que ni para una semana entera, pero había que hacerla antes de bajar al barranco a jugar. Algunas mujeres se colaban y yo intentaba evitarlo haciendo señas a Susana, la tendera que no paraba salvo para pesar, con el trozo de papel en la mano.
Susana fiaba aquellas compras a mi madre, las anotaba en una libreta, y eso no se olvida jamás.
