Así era aquel hogar, que no casa. Solo recuerdo de ella las nubes pasar desde un patio abierto y los bidones, al fondo, que contenían el agua de abasto que mis hermanos mayores traían rodando desde el almacén.
Y ahí voy, corriendo con una muñeca, por aquel patio que era mi párvulo mundo en una casa paupérrima y, eso sí que lo llevo impregnado en mi mente: soleada.