sábado, 26 de febrero de 2022

200 pesetas y tardes de espera...

Mi madre es hija adoptiva predilecta; un reconocimiento, sin duda, a todas las mujeres emprendedoras de Carrizal del Sur. Pero antes de que aquella academia de Taquimecanografía existiera en nuestro pueblo (y lo pusiera en el mapa), tuvo que salir a trabajar. 

Y recuerdo cómo llegaba de los invernaderos de La Banda (Agüimes) tan roja como los tomates que hacían rico a los dueños.

Poco después, encontró trabajo en Playa del Inglés, cuidando toda la tarde a unos niños de una pareja de extranjeros. Al anochecer, mi hermano Roque y yo, nos acercábamos hasta la bajada de la panadería de Los Castros, y nos  alegrábamos verla aparecer calle arriba cansada, pero sonriente. Corríamos hasta ella y regresábamos juntos a casa. 

Aquello eran 200 pesetas diarias, aquello era cenar raviolis de lata que comprábamos en la tienda de Susana.

Aquella fue Lolita Verona.