Que si promesa, que si espiritualidad, que si esto, que si lo otro. Y, sencillamente, desde 1993 (que lo hice de u tirón) me enganchó esto de tirar millas, conocer pueblos, gente de todo el mundo y comer huevos revueltos con chorizo. Claro que hay quienes tenga motivos para hacer El Camino, y los he conocido; pero lo mío es puro placer.
Ya, obviamente, no tiro de 12 kilos buscando albergues llenos a las 12 del mediodía y teniendome que levantar a las 5, no. Los kilómetros siguen siendo los mismos: entre 25 y 30 diarios, pero con todo reservado (que para eso lo gano) y puedo ir a mi ritmo (que no es malo, eh).
Mi hijo me regaló un bastón hace un par de cumpleaños y en él me apoyo por este mundo redondo.
Mientras me aguantes las piernas, tendré Camino.

