Estar sobre un glaciar, siempre me ha parecido impresionante. En Suiza y Noruega, escuchaba los crujidos de su imperceptible movimiento. Pero estar delante de su lengua, y ver cómo poco a poco se va muriendo en forma de gotas, es desesperanzador a todas luces. En Islandia, vi el cambio climático a un metro.

