jueves, 11 de noviembre de 2021

Yo tuve muchos veranos sin bicicleta

No tener bicicleta hasta los 14 años no me produjo ningún problema de autoestima ni sentí la necesidad de crearme una realidad paralela; quizá porque ser pobre lo había asimilado desde muy niño y lo llevaba en la piel. Piel, por cierto, que protegíamos aquellos veranos infinitos, con un ungüento que mi madre preparaba con vinagre y no recuerdo qué más. 

Mi hermano y yo bajábamos a la playa caminando, unos tres kilómetros nos separaba de las casas de veraneo de nuestros amigos, hasta que mis padres compraron aquellas dos bicis a plazo unas navidades, en la tienda de don  Abel.  Todo se compraba a plazos. 

Hoy veo la bicicleta de mi hijo en el garaje, que debe ir por la tercera o cuarta con trece años, no sé,  y recuerdo sin rubor aquella BH azul que tantas tardes felices me dio.