De niño conocí las penurias y miserias de pertenecer a una familia pobre. Había poco, pero nunca me faltaron los sueños. Y muchos de aquellos sueños tenían forma de caminos y lugares que entonces parecían inalcanzables.
Hoy miro atrás y me sorprende lo recorrido: 23 países, 230 ciudades y cuatro continentes. He conocido toda Canarias y toda España, y quizá eso sea lo más importante para mí: haber recorrido primero mi propia tierra antes de salir a descubrir el mundo.
Creo que he viajado más que toda aquella gente que me rodeaba cuando era niño. No lo digo como una competición, sino con cierta emoción: aquel mundo que entonces parecía tan grande y tan lejano terminó estando bajo mis pies.
Y todavía me quedan ganas. Quiero seguir viajando, seguir descubriendo y seguir caminando mientras la vida me deje.
No necesito decir que estoy orgulloso de mí, prefiero decirlo de otra manera:
Estoy contento con mis caminos.
Porque aquel niño que tenía tan poco nunca dejó de soñar con un mundo enorme. Y, de alguna manera, terminó caminándolo.
