sábado, 25 de octubre de 2025
martes, 9 de septiembre de 2025
Grecia
Montañas que se hunden en un mar azul lleno de islas, ruinas clásicas que aún marcan la memoria de Occidente, y pueblos blancos con buganvillas donde la vida se mueve entre café, sol y mitología.
martes, 12 de agosto de 2025
Madurar con confianza.
En el circuito, se acercó y me dijo que un piloto le dejaba rodar con una YAMAHA 600, de carburación y sin la electrónica que la 125 de él, sí tiene: de la vieja escuela, vamos. No era un impulso temerario, sino un deseo irrefrenable. Nunca fue mi sueño, a su edad, más allá de una bici comprada a plazos; pero entendí que no se trataba de la moto, sino de algo más profundo: su necesidad de probarse, de sentir la mezcla de miedo y libertad, sabiendo que yo estaba detrás, confiando.
En ese instante supe que autorizarle no era darle permiso para acelerar, sino para crecer.
martes, 17 de junio de 2025
Y yo sin bici
¿ Quién, a los 16 años no ha querido una moto? Yo no podía tener ni una bici. Él se ha estrenado en un circuito con su R125. Los sueños cumplidos a esa edad son más que sueños.
sábado, 8 de marzo de 2025
DESPACIO Y CON BUENA LETRA
Nací en una cuartería, en un cuarto de paredes delgadas donde el viento se colaba como un huésped más. La pobreza no era un concepto abstracto, era el pan de cada día, o la falta de él. Crecí con la certeza de que los sueños se arrugaban como la ropa blanca que colgaba en los tendederos de mi infancia.
De niño miraba las calles polvorientas, imaginando que algún día las recorrería sin la carga de la miseria sobre mis hombros. La adolescencia, en Carrizal, no fue mejor. Fue un tiempo de desconsuelos, de aprender que la vida a veces solo da golpes y rara vez da tregua. Pero aprendí a seguir adelante, a no rendirme, aunque a veces el horizonte pareciera un muro infranqueable.
Y entonces, llegó mi hijo. En él veo lo que nunca tuve. No solo en lo material, sino en la libertad, en la certeza de que el mundo no es un enemigo al que hay que burlar, sino un espacio donde se puede vivir con dignidad. Él monta una Yamaha R1, y cuando la veo, no veo solo una moto. Veo velocidad, viento, la posibilidad de escapar del peso de la tierra.
Las motos son así, un símbolo de lo que siempre quise: movimiento, independencia, un instante donde todo es puro presente. Y ahora lo saboreo con viajar. Pero no hay que perder el norte. Sé que una máquina como esa, porque tengo una (Honda, por supuesto), puede ser un arma de doble filo, que la adrenalina puede nublar el juicio y convertir la libertad en tragedia.
Por eso, cuando lo veo enfundarse el casco y encender el motor, no puedo evitar recordarle: "Disfruta, pero respetala"
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